El Hijo De Dios
Estudio Llamar a Jesús “Buen Maestro” o “Un Gran Profeta” no es suficiente. La Biblia declara con claridad y poder que Jesús es el Hijo de Dios, el único, eterno, enviado para salvar a la humanidad. Esto no es solo una frase cualquiera, es la verdad que dividió y divide la historia, que confronta el corazón y define nuestro destino eterno.
Ser el Hijo de Dios significa que Jesús comparte la naturaleza del Padre, posee su autoridad, su gloria y su poder. No fue creado, no fue un simple líder espiritual: Él es Dios hecho hombre. Cada milagro, cada palabra, cada acto de Jesús confirma esa identidad. Creer en esto no es opcional; es el centro del cristianismo.
1 Juan 4:15: “Todos los que declaran que Jesús es el Hijo de Dios, Dios vive en ellos y ellos en Dios.”
Reconocer que Jesús es el Hijo de Dios nos confronta: si Él es quien dice ser, entonces no podemos seguir viviendo indiferentes. No se puede tratar a Cristo como un accesorio espiritual. Si Él es el Hijo de Dios, merece nuestro todo: nuestra obediencia, nuestra confianza, nuestro arrepentimiento y nuestro corazón completo.
La pregunta ya no es solo “¿creo que Jesús existe?”, sino: ¿creo que Jesús, el Hijo de Dios, tiene derecho sobre mi vida? La respuesta a esa pregunta revela el estado real de nuestro corazón.
¿Qué sucede cuando ignoro que Jesús es el Hijo de Dios?
- Reduzco el evangelio a una idea moral.
- Pierdo el poder transformador de su autoridad.
- Vivo bajo mis términos, no bajo su señorío.
- Me acerco a Dios solo en necesidad, no en rendición.
- Conozco su nombre, pero no lo reconozco como Rey.
Aplicación
Si Jesús es verdaderamente el Hijo de Dios, entonces nuestra vida no puede seguir igual. Su identidad exige respuesta: fe, arrepentimiento y obediencia. Conocerlo no es suficiente, debemos rendirnos a Él. El Hijo de Dios vino a salvarnos, sí, pero también a gobernar nuestros corazones.
Como familia, debemos preguntarnos honestamente: ¿estamos construyendo nuestro hogar sobre opiniones, emociones y redes sociales… o sobre la autoridad del Hijo de Dios? Él no quiere un lugar pequeño en nuestra agenda; quiere el trono de nuestro corazón.
Romanos 10:9: “Si declaras abiertamente que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo levantó de los muertos, serás salvo.”
Aceptar a Jesús como el Hijo de Dios significa dejar de vivir como el centro del universo. Significa reconocer que no somos dueños de nuestra vida, que necesitamos perdón, dirección y transformación que solo Él puede dar.
Hoy el Hijo de Dios no solo quiere ser conocido por ti; quiere ser tu Señor. Quiere entrar a tu historia, sanar lo roto, perdonar lo profundo y cambiar lo que nadie más pudo cambiar. Pero requiere rendición sincera, no religión superficial.
¿Cómo aplicar esta verdad en familia?
- Reconozcan en oración que Jesús es el Hijo de Dios y el Señor de su hogar.
- Tomen decisiones familiares basadas en su Palabra, no solo en opiniones.
- Hablen de Cristo con sus hijos como alguien vivo y real, no solo como historia.
- Pidan perdón por las áreas donde lo han desplazado del centro.
- Decidan juntos obedecerle, aunque cueste y aunque el mundo piense diferente.
Conclusión Jesús no es solo una figura bíblica, Él es el Hijo de Dios. Su identidad lo cambia todo, cambia nuestra culpa en perdón, nuestra soledad en compañía, nuestra muerte espiritual en vida eterna. No basta con saberlo; hay que creerlo y rendirse a Él.
Hebreos 1:2-3: “Y ahora, en estos últimos días, nos ha hablado por medio de su Hijo. Dios le prometió todo al Hijo como herencia y, mediante el Hijo, creó el universo. El Hijo irradia la gloria de Dios y expresa el carácter mismo de Dios, y sostiene todo con el gran poder de su palabra. Después de habernos limpiado de nuestros pecados, se sentó en el lugar de honor, a la derecha del majestuoso Dios en el cielo.”
El Hijo de Dios te llama hoy. No a una “religión”, sino a una relación real. A una vida nueva, perdonada, guiada por Él. La decisión no es teórica, es personal: ¿qué harás tú con Jesús, el Hijo de Dios?
Escrito por: Matías Velásquez
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