Jesús Y El Sufrimiento
Estudio En los momentos oscuros de nuestras vidas, surge una pregunta que atraviesa el alma: ¿Puede Jesús amarnos realmente y aún así permitir que pasemos dolor? A veces creemos que la fe nos protege de todo dolor, pero la Biblia nos muestra que los hombres y mujeres de Dios también atravesaron pruebas intensas. Jesús mismo lloró, sintió angustia, y fue profundamente empático con quienes sufrían.
En el encuentro con Marta y María, Jesús respondió de maneras distintas: a Marta le habló con verdad, y a María la acompañó en su llanto. Esto nos revela que Jesús no solo nos consuela, sino que se identifica con nuestro dolor.
El sufrimiento puede ser una puerta hacia una revelación más profunda de Dios. No es castigo, ni señal de falta de fe. Es parte de vivir en un mundo caído, pero no estamos solos. Dios está más presente en el proceso que en la promesa. Esto lo podemos confirmar en Salmos 46:1: “Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza; siempre está dispuesto a ayudar en tiempos de dificultad”.
¿Qué sucede si no reconocemos a Jesús como compañero en nuestro sufrimiento?
- El dolor se vuelve más solitario y sin propósito.
- Podemos alejarnos de Dios justo cuando más lo necesitamos.
- Perdemos la oportunidad de conocer a Dios en su faceta más compasiva.
- Vivimos con expectativas irreales sobre la vida cristiana.
- Nos volvemos insensibles al dolor ajeno.
Aplicación Dios no nos prometió una vida sin dolor, pero sí una compañía constante. Jesús nos acompaña en el dolor, en cada lágrima, en cada noche larga. El sufrimiento puede ser redimido y transformado en gloria eterna. Romanos 8:18, “Sin embargo, lo que ahora sufrimos no es nada comparado con la gloria que él nos revelará más adelante”. 2 Corintios 4:17, “Pues nuestras dificultades actuales son pequeñas y no durarán mucho tiempo. Sin embargo, ¡nos producen una gloria que durará para siempre y que es de mucho más peso que las dificultades!”.
Nuestra adoración en medio del dolor es única: es algo que no podremos ofrecerle en la eternidad, donde no habrá sufrimiento. Habacuc 3:17–18: “Aunque las higueras no florezcan y no haya uvas en las vides, aunque se pierda la cosecha de oliva y los campos queden vacíos y no den fruto, aunque los rebaños mueran en los campos y los establos estén vacíos,¡aun así me alegraré en el SEÑOR! ¡Me gozaré en el Dios de mi salvación!”
¿Cómo puedo encontrar a Jesús en medio del sufrimiento?
- Recordando que Él también sufrió.
- Orando con honestidad, sin filtros.
- Acompañando a otros en su dolor.
- Meditando en sus promesas eternas.
- Adorando incluso cuando no entiendo.
Conclusión El sufrimiento no es un obstáculo para la fe, sino un terreno fértil para el encuentro con Dios. Jesús no elimina todo dolor, pero lo habita con nosotros. En medio del dolor, podemos encontrar una intimidad con Dios que no se da en otro contexto.
El sufrimiento no es el final de la historia. La eternidad nos espera con sanidad, paz y plenitud. Pero aquí y ahora, podemos darle a Dios una adoración que nace del quebranto.
Escrito por: Rocío Reyna Rojas
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