El Amor Más Grande
Estudio La Biblia nos enseña que existen diferentes formas de amor: storge (afecto natural y espontáneo), eros (pasión romántica), phileo (amistad) y ágape (amor incondicional). De todos ellos, el amor ágape es el que sostiene nuestras relaciones y nos conecta con el corazón de Dios. Este amor se caracteriza por renunciar a nuestros derechos, como lo expresa 1 Juan 3:16: “Conocemos lo que es el amor verdadero, porque Jesús entregó su vida por nosotros. De manera que nosotros también tenemos que dar la vida por nuestros hermanos.”
El amor ágape no busca recibir, sino dar. Juan 3:16 nos recuerda: “Pues Dios amó tanto al mundo que dio a su único Hijo, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.” Este amor es incondicional, no depende de lo que hagamos o de cómo seamos. Romanos 8:39 afirma: “Ningún poder en las alturas ni en las profundidades, de hecho, nada en toda la creación podrá jamás separarnos del amor de Dios, que está revelado en Cristo Jesús nuestro Señor.”
¿Qué sucede si no recibimos primero el amor de Dios antes de intentar amar a otros?
- Nos esforzamos en amar con nuestras propias fuerzas y nos frustramos fácilmente.
- El amor se convierte en obligación y no en gozo.
- Guardamos rencor y resentimiento porque no tenemos la fuente del perdón.
- Buscamos suplir nuestra carencia en cosas o personas que no pueden llenar el vacío.
- Nos frustramos porque el corazón humano es engañoso y limitado.
Aplicación
Amar a Dios con todo nuestro ser significa darle el centro de nuestra vida emocional, espiritual y física. Marcos 12:30 nos instruye: “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas.” Esto implica rendir nuestros pensamientos, emociones y deseos a Cristo.
El corazón es el núcleo de nuestras actitudes y afectos. Proverbios 4:23 nos advierte: “Sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque este determina el rumbo de tu vida.” Si nuestro corazón está lleno de amargura o idolatría, no podremos amar a Dios plenamente. Pero cuando lo entregamos a Cristo, Él nos da un corazón nuevo, como promete en Ezequiel 36:26: “Les daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de ustedes. Les quitaré ese terco corazón de piedra y les daré un corazón tierno y receptivo.”
¿Cómo puedo reflejar el amor de Dios en mi familia?
- Perdonando como Cristo me perdonó.
- Siendo paciente, recordando que Dios tiene paciencia conmigo.
- Practicando la generosidad, porque Dios ha sido generoso conmigo.
- Amando incluso a los ingratos, porque Dios me ama aún cuando fallo.
- Colocando a otros en primer lugar, como Cristo me puso a mí en primer lugar.
Conclusión El secreto para amar es ser amado. 1 Juan 4:10 lo resume: “En esto consiste el amor verdadero: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo como sacrificio para quitar nuestros pecados.” Cuando recibimos este amor, podemos compartirlo con los demás.
El apóstol Juan nos recuerda en 1 Juan 4:20: “Si alguien dice: Amo a Dios, pero odia a otro creyente, esa persona es mentirosa pues, si no amamos a quienes podemos ver, ¿cómo vamos a amar a Dios, a quien no podemos ver?”.
Nuestro amor hacia otros revela cuánto amamos realmente a Dios. Por eso, el propósito de nuestra vida se resume en dos mandamientos: amar a Dios y amar a las personas. Mateo 22: 37-39 nos dice: “Jesús contestó: “Ama al SEÑOR tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente”. Este es el primer mandamiento y el más importante. Hay un segundo mandamiento que es igualmente importante: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”.
Escrito por: Rocío Reyna Rojas
|